Me paso por el gorro esta sociedad



Es lo que parece querernos decir el hombre retratado en un primer plano en esta fotografía de Henri Cartier-Bresson. Con un periódico cubriéndole la cabeza, con los labios tensos (bien por rabia, bien por sujetar su mandíbula),  con una mirada algo perdida que se asoma por encima de sus gafas y empapado. Solo. Y tras él, un bullicio de personas que pierden nitidez según se alejan del personaje principal de la instantánea. Situado en el lado derecho de la imagen nuestro protagonista, contrarresta con el lateral transversalmente opuesto, donde parece que todos se dirigen hacia algún lugar o esperan algo. Él en cambio, no parece que esté esperando nada. Más bien, el tiempo para él debe de estar pasando despacio.

Entre el ajetreo que se percibe al fondo y el hombre, hay un grupo de señoras, también sentadas en un banco como él. Dos sentadas y una de pie. Con una postura y gestos de estar intercambiando palabras, algún comentario, quizás algún cotilleo. Todos  los grupos de personas que esbozan el telón de fondo parecen estar en grupos. Mientras toda esa marabunta se socializa, se informan, hablan, él, ajeno a todo ello y, de manera paradójica,  se coloca un diario en su cabeza, símbolo de eso que desatiende a sus espaldas, como burlándose del bien más preciado de la sociedad, la información.  Deja que se empape de lluvia el periódico. Que la información cale y llegue a su cabeza. Que ésta absorba la verdadera sociedad del conocimiento.

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