La terraza, las montañas y ella.


Os voy a explicar una historia, de allá finales de los ochenta: mi madre, una mujer temperamental, impulsiva, dulce como si cada día se enamorara, agria por la carga que sopesaba e inocente como una niña, fue el ser que más me enseñó a reír en esta vida.

A todos los hijos nos hizo pasar la misma broma de las narices cuando éramos pequeños.  Yo, la pequeña, no iba a ser menos que el resto de hijos. Desde la cocina se asomaba una puerta que te llevaba a la terraza, a aquella inmensa terraza que teníamos. Frente a ella, el paisaje era el de unas montañas pobladas de árboles que siempre me suscitaba curiosidad. Cuando caía la noche y alguno de los niños no se dormía, la mujer se lo llevaba tras esa puerta, se sentaba en un banco fuera de la terraza colocando al hijo que tocara sobre su regazo y, cuando este se distraía contemplando las montañas y lo pillaba desprevenido, de repente, nuestra madre fingía girar el cuello y ponía voz tenebrosa y malévola: “Yoooo noooo soy tuuuu madreeeee…!!” y las primeras veces, siempre preguntábamos temerosos: “¿n…n…no? ¿d…d…dónde está mi madre?” – “¡Eeeeen laaaas mooooontaaaaaañaaas…!”. Al final, cuando nos veía medio asustados, volvía a fingir girar el cuello, y se ponía a hacernos cosquillas hasta que nos moríamos de la risa.

Años más tarde, algunos bastantes, mi madre, ya enferma, volvía a sentarse en ese mismo banco para contemplar las montañas. Me decía: “¿Sabes? esas montañas nunca se irán; aquí todos nos iremos, y ellas… seguirán allí. No morirán, ellas nos verán marchar…”.
Con la mirada empañada, no tenía otra que responderle: “Mamá, pero si tú no eres mi madre. Mi madre está en las montañas.”

4 Respuestas a “La terraza, las montañas y ella.

  1. Que bueno Nati!, cada día me gusta mas leer tus cosas, inocente y realista, no cambies!, solo un comentario, sería bueno que tomemos una frase de Punset como filosofía de vida, “hay vida antes de la muerte!

  2. Gracias Gustavo! siempre fiel a mis más despojados relatos😉

    Un abrazo! Y sí, haré caso a la frase que mencionas, pero una sin otra no tendría sentido. No olvides la muerte para valorar la vida. Y si te roza, o te sucumbe la muerte, ten presente lo bella que fue la vida.

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