“El títere es pura vida”


  • El director del espectáculo de marionetas TOT Festival,  Jacques Trudeau, pretende consagrar este género teatral entre el público adulto catalán

Nos encontramos en el epicentro del Poble Espanyol, escenario del festival reservado anualmente para titiriteros que  sacan a articular sus muñecos en el TOT Festival. Este espectáculo, que es cita obligada en el mes de marzo desde hace tres años, nació de una propuesta entre dos grandes amigos, Jorge Bernárdez (director ejecutivo de la ciudad ficticia de Montjuïc) y el canadiense Jacques Trudeau (secretario general de la Unión Internacional de la Marioneta). Este último, es quien desde joven se ha desvivido por este mundo del teatro articulado por adultos y que cautiva a pequeños y grandes. De la misma forma cautivó a Bernárdez  para emprender este festival en Barcelona, y ahora pretende hacer lo mismo con el público catalán año tras año, con el fin de consagrar este universo desconocido por el público maduro catalán, quien, por desconocimiento, quizás, identifica el género con los más pequeños de casa.

 


Vestido con una ligera vestimenta propia de la primavera y cubriendo su cabeza con un sombrero tipo, Jacques Trudeau (Montreal, 1949),  secretario general de Unima, y director artístico del TOT Festival (entre otros festivales), se disponía a tomar a sorbos su café edulcorado con dos azucarillos. Hombre humilde en su apariencia, con mirada azul penetrante, explicaba calmadamente el por qué de su pasión hacia las marionetas, mientras alzaba su cabeza y sonreía tímidamente: “El adulto cree conocerlo todo; luego, de repente, descubre algo nuevo que lo traslada a lo fundamental, al alma de las personas”.

Trudeau es una leyenda del mundo de las marionetas. Su pasión en este terreno nace hace muchos años. “Yo empecé mi carrera artística como  bailarín y actor en los años setenta”, recuerda el director, “primero con un grupo de teatro avanguarda , y luego ya arranqué mi carrera con el teatro Sans Fil, de Montreal. Y desde el primer momento hicimos teatro para adultos con títeres de entre uno y cinco metros de altura. Era una forma nueva de entender el títere, algo que se inició con este teatro en Quebec: títeres grandes, y para adultos. Éramos un grupo bastante grande los que empezamos con este  proyecto entre manos en Sans Fil:  Tuvimos la oportunidad de realizar giras en los hospitales, colegios, cárceles… todo tipo de espacios gratuitos que nos permitiera realizar nuestro espectáculo. ¡Los enfermos de cáncer y los presos era nuestro público más fiel!”, recuerda entre risas. De eso hace ya más de treinta años. Fueron sus primeras andaduras.

El origen de ese proyecto de un grupo de jóvenes actores canadienses, provenía de una herencia oriental. “El símbolo del títere, las máscaras, esconderse tras ellos para hablar con los dioses, es lo que hacían los japoneses y quisimos llevar la tradición y transformarla a los teatros amplios y altos que teníamos en Quebec”. Pero esas marionetas no eran esos pequeños muñecos articulados por hilos como se conocen popularmente. Trudeau empezó a mover muñecos articulados por ‘tijeras’ y de tres , cuatro y hasta cinco metros de alto. “Un bastón entraba en la cabeza y nosotros, con las manos, escondidos detrás de la cabeza del títere, lo movíamos. Era casi una coreografía, un baile”. Escenifica con sus manos y su cabeza cómo movían esos gigantescos títeres.

“La temática que tratábamos adaptaba el movimiento político de aquellos años setenta (y aún vigente) de la independencia de Quebec. Otro espectáculo, también, era alrededor de escenificar a hippies con un grupo musical que colaboraba con nosotros” También adaptaron cuentos indígenas. Y leyendas eróticas, “muy poéticas”, esclarece el actor. Adaptación que escogió Unima para promocionarla en EEUU. Fue su primer contacto con la asociación que luego dirigiría. Sergei Obraztsov, el entonces director de Unima, se fijó en él, y quiso que adaptara El señor de los anillos, adaptación del libro de J. R. R. Tolkien, mucho antes de las películas, y supuso un éxito mundial. “Así fue como nació y se consagró nuestra compañía, siempre como Theatre Sans Fil”.

En 1.999 , mucho tiempo después, le ofrecen ser el consejero internacional de la Unima. Aquí iniciaba su vinculación directiva con la asociación. “Así fue como empecé a conectar mundialmente con el mundo del títere”, explica Trudeau.

Todo lo que recuerda por ahora Trudeau es con una sonrisa y una mirada de niño que no ha podido borrar a lo largo de la conversación. Su rostro reflejaba la alegre nostalgia de esos años en que se inició como actor detrás de enormes marionetas. Él  ahora quiere reivindicar la calidad y la posibilidad de seducir a un público adulto con el arte de las marionetas. No es que sea un género que deba dirigirse a adultos, es más, desde bien pequeños se debería iniciar a conocer este arte. “Tenemos espectáculos para un público de hasta seis meses de edad, como Ulular,  que estamos llevando ahora a cabo en Madrid, en el Teatro Tyl Tyl”, expone Trudeau,“¡Fíjate! Psicólogos dicen que hay que despertar la imaginación del ser humano desde pequeño; pues en eso estamos”.

A lo largo del TOT Festival, él se dedica a observar a los asistentes, estudiar sus reacciones y saber qué les gusta más o cómo reaccionan con los espectáculos. Es consciente que el público que acude al festival suele ser familiar y turista pero quiere incidir con este género para ensalzarlo en el lugar que le corresponde. “Queremos que la gente se vaya con algo nuevo, que el títere le sorprenda… que provoque emocionarles”. En la línea con su propósito, menciona a una compañía catalana, Farrés Brothers, quienes interpretan con marionetas escenas de humor y de reflexión para adultos, “con mucho talento”, sentencia, “ llenan la sala cuando actúan. Como ellos hay más que les siguen y están creando un movimiento,  y un público que se va a crear”, explica convencido.

Sin olvidar a la más recurrente de las razones actualmente, la crisis para él también puede ser un trampolín en el mundo de las marionetas. “En los tiempos que corren, un tipo de teatro con tan pocos recursos como este, debería de ser una apuesta segura para muchos intérpretes dramaturgos que empiecen”. Y en su simbolismo más puro, el marionerista puede trasladar, a través de los hilos, cómo se siente la sociedad en la actualidad, movida por algo que no podemos controlar y en cambio nos lleva, “el títere es pura vida, simbolismo puro… ¿quién nos mueve?, ¿quién nos controla?”. Trudeau atribuye, por eso, este género al adulto, “como te he comentado, nació, se dice, con los primeros hombres, que inventaron las máscaras para contactar con los dioses, relacionado con algo espiritual”, explica, “lo entendieron muy bien los asiáticos, pero la cultura occidental ha tendido a infantilizarlo”.

Parece que nuestra cultura no ha sabido diferenciar la alegoría que las historias que narran los títeres buscan reflexionar y llegar al interior del espectador, a su yo más profundo; que quizás es, de éste, su parte más infantil, más ingenua y pura. “Con nuestros festivales, si seguimos manteniéndolo con éxito, estoy convencido que lo conseguiremos”. Acabó de un sorbo apurado los restos de su café, ya frío, estrechó sus manos y echó una mirada segura y confiada al resto de la plaza. Parece que su yo más profundo nunca ha crecido del todo, es lo que le mantiene vivo y así seguirá. Al lado de su pasión, vestido de negro, para cederle todo su protagonismo a las marionetas.

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