Jaume Ripoll: “El problema reside en el cine que reta al espectador. Nos dejamos llevar por la dictadura de la peripecia”


Jaume Ripoll (foto: Alberto Gamazo)

Jaume Ripoll (foto: Alberto Gamazo)

Filmin nació para crear un portal online que fuese capaz de ofrecer cine en alta calidad desde la red. Y legal. El proyecto tiene tres cabezas: José Antonio de Luna, director de negocio, Juan Carlos Tous, director general, la parte más institucional y Jaume Ripoll, director editorial, el más joven de los tres y la parte más creativa, tal como se define Ripoll. Para Ripoll la solución a todos los males del cine es internet. De pago y con una buena convivencia con las salas.

¿Es posible la convivencia del cine en las salas de proyección e internet?

Es bueno mirar atrás, la convivencia entre el cine en salas y el cine en casas tiene más de sesenta años. ¿Qué ha variado con la llegada de internet? La abundancia de oferta, la accesibilidad y el precio. Creo que tras años de encuentros y desencuentros, finalmente el cine en internet ha dejado de verse como una amenaza y empieza a considerarse como aliado. Por ejemplo, cada vez más se está apostando por un modelo de estreno (de películas) simultáneo. Cuando uno quiere lanzar su película, lo hace para todo el territorio y si solo hiciera salas de cine el territorio sería de un diez, quince por ciento: grandes ciudades (Madrid, Barcelona…), cuatro o cinco salas… Y quedaría mucho por cubrir, un espacio que internet sí sería capaz de abarcar.

La manera tradicional de distribuir las películas está cambiando y eso abre puertas…

Sí, y para bien. A la forma tradicional de distribución hoy podemos añadir nuevas posibilidades para los creadores, que pueden llevar sus películas a territorios a los que antes no podían; a los distribuidores porque, gracias a internet, pueden ofrecer una película para todo el país y no solo para una parte del mismo, y también a los propios festivales cinematográficos que hoy pueden ampliar su alcance al colaborar con compañías como Filmin y ofrecer parte de su programación online, facilitando el visionado de las películas a aquellos espectadores que no puedan acercarse a la ciudad/pueblo donde se lleva a cabo. Los portales de cine crean sus propios festivales, como Atlántida Film Festival que permite que puedas ver en tu casa películas que pese a haber triunfado en las últimas ediciones de los Festivales de Cannes, Venecia y Berlín no tenían distribución en nuestro país. Y las salas sus propios eventos, Zumzeig, aquí en Sants, es un cine-bistró que se ha adaptado a los nuevos tiempos y tiene una encomiable línea de programación propia. Otra opción también sería hacer salas que sean programadas por festivales de cine como la colaboración entre Sitges y Phenomena Experience. Hay muchos caminos posibles. Eso sí, el problema es que de momento pocos son replicables. En este nuevo mundo de la distribución, el éxito es la excepción, la indiferencia la norma.

Internet no deja de ser otro canal más.

Que debe ser visto, repito, como aliado, nunca como amenaza. Las salas de cine han convivido, y salido fortalecidas de la convivencia, con la llegada de la televisión, el VHS y el DVD. ¿Por qué pensar que en este caso no sucederá lo mismo? Por una diferencia: internet es, aún hoy, un mercado por regular. Y sí, hoy quienes pagan por ver cine online son una minoría, quienes ven esos mismos contenidos de forma gratuita desde portales no autorizados, la inmensa multitud. ¿Lo positivo? La tendencia cambia mes a mes y las previsiones son muy optimistas para los próximos años, con el asentamiento de las televisiones conectadas y la consolidación de los catálogos online. De todas formas, la experiencia de ver una película en una sala de cine, en una buena sala de cine, es irremplazable.

Hay una generación que ha entendido internet como su forma de consumo de cine, sí, pero gratuito.

No deberíamos dar esa batalla por perdida. También hubo en su día una generación que creyó que el videojuego era gratuito y al final ha acabado pagando los setenta euros que le puede costar Call of Duty. ¿Qué puede hacer internet por el cine? Facilidad de uso, extensión del catálogo a un precio razonable y comodidad para el usuario. Todo eso servirá para que cada vez más, haya más gente pagando.

HEMOS PASADO DE SER CINÉFILOS A SER CINÉFAGOS. LA IDEA DE DEVORAR, DE ENGULLIR Y DONDE LA RESOLUCIÓN, EL FINAL DE LA SERIE IMPORTA MÁS QUE TODO LO DEMÁS

¿Adaptar el precio que cuesta una entrada al coste de producción de la película ayudaría a que tuvieran tirón películas como las de bajo coste?

No estoy demasiado seguro. Entiendo que no es lo mismo pagar una entrada para una sala de cine de quinientas butacas y una pantalla por estrenar, que hacerlo por una sala de ochenta con una pantalla por limpiar, pero el presupuesto de la película que allí se proyecta no debería ser lo que determinase en ningún caso el precio de la entrada. Se ha visto recientemente que bajar el precio general de las entradas del cine ha multiplicado la asistencia en salas pero además del precio, debería incentivarse la asistencia a salas a través de otro tipo de alicientes (el cine Alamo Drafthouse en Alamo, Austin, es el mejor ejemplo de lo que hablo). En los últimos años el comportamiento del espectador ha cambiado: antes de iba al cine, y allí decidía qué película ver. Hoy, si se va, es para ver esa película que nos seduce y nos atrae como un imán. Y hay un símil entre cine y literatura: ¿por qué se convierte en un boomuna trilogía sueca de un señor que estaba muerto? Porque ese es el libro que te tienes que leer. Se lee poco, pero ese es el libro que todos leen y compran. Podríamos trasladarlo a lo que ha sucedido con Ocho apellidos vascos.

¿Puede el cine experimentar, gracias a internet, el paso de acto social a acto individual, en casa? ¿Es ese el futuro del consumo de cine?

Internet también es la televisión. Cuántas quedadas se hacen para ver la tele, como se hizo con el final de Lost. Nosotros, con Atlántida Film Festival, con el que montas tu festival en casa, a tu aire, propusimos a los espectadores que compartieran una foto de los estrenos y romper así con esa imagen de hombre solitario, encerrado en casa y con legañas.

¿Cómo interpretas el boom que están viviendo las series televisivas? Son casi cine llevado a la pequeña pantalla y en monodosis semanales.

Estamos viviendo una buena época en cuanto a ficción televisiva, pero la celeridad con que consumimos series es abrumadora. Disfrutamos más de lo que nos queda por ver que de lo que hemos visto. Hemos pasado de ser cinéfilos a ser cinéfagos. La idea de devorar, de engullir y donde la resolución, el final de la serie importa más que todo lo demás. El miedo a los spoilers, porque es más importante la peripecia que todo lo demás a lo que te reta la serie. Vivimos más el posvisionado del capítulo que el capítulo en sí. Ese es su espectáculo. Porque somos unos impacientes crónicos. Vamos a acabar por no disfrutar las cosas. Es que no me imagino a nadie leyendo Ana Karenina y tuiteando: “¡Ah! Ana lo ha dejado con el novio en la página 200”, “Ah… ¡No!, ¡no me digas eso! Que voy por la página 185. Maldito Tolstói… ¡Qué libro más raro ha hecho!” (risas). ¡Reposemos un poco!

¿Hacia dónde se dirige nuestra forma de consumir cine?

No cambiará mucho. Aumentaremos las comodidades, la calidad del visionado doméstico, las televisiones conectadas mejorarán su diseño, el acceso al contenido legal será más rápido y sencillo, tendremos plataformas generalistas y especializadas, canales para todos los nichos posibles. Y las salas irán a varios niveles: por un lado como el gran espectáculo, otras como espacios para programar acontecimientos y otras de proximidad, donde ver las películas fenómeno, como Ocho apellidos vascos. El principal reto no es el cómo sino el qué: cómo convencer al espectador para que vea un cine que no sea el de evasión. Nos dejamos llevar por la dictadura de la peripecia. Para valorar la calidad de una película o serie usamos un término tan cuestionable como el de enganchar. ¿Y qué pasa con aquello que no quiere engancharte, sino retarte? Nuestro trabajo es hacer ver que ese cine también es necesario, incluso en televisión: que nos aporte respuestas para ciertos aspectos del ser humano y que consiga sobrevivir a las distracciones tecnológicas. No sé si sobreviviremos o si todo será acción y peripecia para mantener despierto al espectador, porque ese es el principal reto para creadores de cine en un mundo sin pausa.

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