¿Es importante la inteligencia emocional?


Gritar, desconfiar, menospreciar un llanto o reír fuera de lugar, mostrar celos o cargar la mochila de la culpabilidad, mantener una discusión que concluya con una palabra malsonante. Si hubiéramos sido educados para tomar conciencia de nuestros sentimientos y emociones, nos hubiéramos ahorrado muchos disgustos de pareja, de amistades o laborales. E incluso algún que otro personaje mediático.

inteligencia-emocionalii1Los psicólogos se frotan las manos al saber que hay esta carencia en el sistema educativo. Son los primeros en exigir incluirlo desde la más tierna infancia. Aunque quizá (vean ustedes el riesgo) perderían cuota de pacientes, quién sabe. Todos poseemos o bien inteligencia cognitiva, o social, creativa o emocional. Pero hay que educarlas. Todas serán necesarias, pero la emocional será la que más ayude a cultivar nuestra felicidad, con nosotros mismos y con nuestro entorno.

Estudios recientes demuestran que una mayor inteligencia emocional favorece las relaciones personales y el rendimiento académico y laboral. ¿Cómo aprender a manejarla? Lo primero de todo es contar desde la niñez con educadores que posean habilidades emocionales. Ya que el alumno pasará una tercera parte de sus días en la escuela, necesita crecer en un entorno con un buen referente emocional, que sepan ser modelos para que el niño aprenda a canalizar sus sentimientos, sepa reaccionar y razonar ante las dificultades de la vida. Lo absorberá de forma consciente e inconsciente.

¿De qué servirá en el futuro incluirla en el sistema educativo con mayor fuerza? En el desarrollo de un individuo, en un futuro más cercano, los niños dispondrán de un buen nivel de autoestima, serán personas más optimistas, superarán con menos dificultad los conflictos, afrontarán sus frustraciones. En un futuro a largo plazo, agradecerá haber recibido una educación que trabajase la inteligencia emocional para saber decir te quiero, o no decirlo. O detectar cuando es sincero. Para expresar su tristeza y su alegría y no enquistar ninguno de los sentimientos. Saber escuchar, saber respetar. De esa forma seremos menos adultos de mayores, y de niños más medrados. Y quizá un entorno más apacible y ¿feliz?

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