El amor es eterno mientras dura


Los humanos, piadosos, tendemos a pecar continuamente de creer disponer de la supremacía de la eternidad. Ponemos el punto de fuga a nuestro fin de las cosas en el infinito: en la vida, en el amor, en las amistades, hasta en el trabajo que buscamos. Del amor, si tuviéramos que definirlo, diríamos que, el verdadero, es para toda la vida. Como si hubiera otro tipo de amores ficticios, erróneos, los a corto plazo. Qué atrocidad.

Ponemos el punto de fuga a nuestro fin de las cosas en el infinito: en la vida, en el amor, en las amistades, hasta en el trabajo que buscamos

Cuántas veces habremos oído la coletilla de que ahora el amor no es como antes. Que ahora somos más egoístas, más inconformistas, que a mayor libertad de elección, más individualistas. Que ya no veremos esos abuelos que superaron todas las adversidades paseando cogidos de la mano, vaya. Que las relaciones ya no se forjan en la confianza, que ahora, en esa vida líquida que divulga el sociólogo polaco Zygmunt Bauman, las consumimos igual que consumimos un producto material, atribuyéndole la obsolescencia programada de un software. Las relaciones no se rompen con los años y la cambias por otra, porque venía así de fábrica, para durar un tiempo limitado, no. Ni tampoco debemos otorgarle la solidez de la perpetuidad. Ni la ceguera de vivir sumisos en una relación, ni la artificialidad de consumirlo sin límite. Las relaciones de amor, como cualquier otra relación, son cíclicas. A diferencia de lo que algunos temen, cuanto más conocemos, mejor sabremos qué queremos.

Las relaciones de amor, como cualquier otra relación, son cíclicas

El concepto de pareja ha ido variando a lo largo de la historia. Y no siempre ha ido ligado al amor. Pasar por la vicaría, por ejemplo, hasta el siglo pasado, era pura conveniencia concertada entre las familias de los cónyuges. Es por eso que la libertad con la que vamos descubriendo ahora el amor, sin estar supeditado a una pareja, nos enriquece sexual y emocionalmente. No es incertidumbre, es ganancia personal. Nada garantiza, tampoco, que las relaciones más cortas sean de mayor calidad. Claro que no. Lo que hay que disociar la durabilidad de las relaciones a la hora de valorar su calidad. No hay que confundir la hondura con la longevidad. Porque durante el tiempo que perdura, la intensidad de ese amor existe.

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