Teresa Baró: “A pesar de la tecnología, el ser humano necesitará la compañía física para las relaciones de calidad”


Teresa Baró (foto: Alberto Gamazo)

Teresa Baró (foto: Alberto Gamazo)

Teresa Baró. Ágil, pero sosegada. Locuaz, pero precisa. Frescor y perseverancia. Experta en habilidades de comunicación personal, Baró maneja con pericia las herramientas del lenguaje y el paralenguaje. Colaboradora en varios medios, docente en el sector educativo y empresarial, ha escrito varios libros, como Guía ilustrada de insultos. Los minutos vuelan mientras habla, y en ellos deja comprimidos infinidad de mensajes que es imposible no exprimir hasta la última gota.

¿Es la comunicación no verbal un idioma universal?

No. Es un lenguaje que utilizamos todos los seres humanos, pero que no es universal en cuanto al significado de muchos gestos que hacemos. Lo que aquí significa algo positivo, en otra parte del mundo puede ser un insulto. En cambio, cuando expresamos emociones es algo más universal. Aunque se está revisando y ya hay estudios que dicen que hay expresiones básicas que tampoco lo son exactamente.

La comunicación verbal solo es el 7%…

Esos porcentajes es mejor no manejarlos. Son porcentajes que estableció Mehrabian a partir de un experimento concreto y que se han aplicado a todas las situaciones. En clase de filosofía no podríamos decir que la palabra es solo un 7%. En cambio, es cierto, la palabra es el 0% en otras situaciones, porque la expresión no verbal anula la palabra. El lenguaje no verbal, eso sí, es muy decisivo para las relaciones personales. Muchas veces, más importante que la palabra.

PARA CADA RELACIÓN TENEMOS UNA VÍA. EL RETO ESTÁ EN UTILIZAR ADECUADAMENTE CADA VÍA PARA CADA RELACIÓN

Pero ¿y si lo llevamos al terreno digital, donde nuestra visibilidad física es nula?

Si hablamos de redes sociales donde todo es escrito, la escritura también tiene su parte no verbal: el tono, los elementos no verbales como emoticonos (sustitutos de una mirada, un gesto). ¿Por qué los usamos? Porque echamos de menos la posibilidad de expresarnos físicamente.

Pero no tenemos la garantía que el tono o el smiley sea compartido con el receptor…

Nos faltan dos lenguajes en la red que nos ayuden a matizar la palabra: el lenguaje no verbal, en cuanto a gestos, actitud corporal, y el paralenguaje, todo aquello que hacemos con la voz: entonación, velocidad, volumen, silencios… Todo ello añade información al mensaje verbal.

¿Estamos empobreciendo nuestra capacidad cognitiva por la hegemonía digital?

Lo que estamos perdiendo es oportunidades de relación personal, más ricas y quizá más sólidas. Pero solo son lenguajes diferentes, vías, soportes distintos y que podemos complementar indistintamente. Pero dejando claro que cada medio tiene su tipo de relación y su tipo de contexto y destinatario adecuado. Yo puedo enviar en Twitter un mensaje a cuatro mil personas, lo que no podría hacer una a una con todas esas personas. Me da la posibilidad de relacionarme con mucha gente a la vez. En cambio, cuando busco establecer una buena amistad, lo que haré será buscar esa persona, ir a su casa, quedar a tomar un café, querré ver su cara, escuchar su voz… Para cada relación tenemos una vía. El reto está en utilizar adecuadamente cada vía para cada relación.

Puede que la generación que está por venir no necesite ese contacto físico para tener relaciones de calidad, porque ya crecen sin esa necesidad.

Seguro que las relaciones serán distintas a cómo las vemos hoy. Ya nosotros tenemos unas relaciones que nuestros abuelos no sospechaban, ¡ni tan siquiera nuestros padres! Por lo tanto, seguro que cambiarán, pero dudo que cambie la necesidad de contactar cara a cara cuando buscamos a esa persona de confianza, cuando queremos establecer una relación de calidad. Porque es a través del intercambio de sonrisas, miradas, incluso de tactos y olores, lo que nos permite confiar en alguien y estar a gusto y compartir grandes momentos. A pesar de las muchas tecnologías, el ser humano necesitará esa compañía. Al menos, así lo creo yo.

DUDO QUE CAMBIE LA NECESIDAD DE CONTACTAR CARA A CARA CUANDO BUSCAMOS A ESA PERSONA DE CONFIANZA, CUANDO QUEREMOS ESTABLECER UNA RELACIÓN DE CALIDAD

Como ser social que es el ser humano, no puede huir de la comunicación…

No puede no comunicar. Aunque eso es un drama para muchas personas [risas], porque hagas lo que hagas, estás comunicando y si no tienes control sobre lo que haces, no sabes cómo te estás relacionando con los demás. Para tener unas buenas relaciones, hay varias cosas que me han preocupado: la primera es transmitir mensajes claros, pero por otro lado es conseguir que las relaciones que establezcas a tu alrededor, ya sean para toda la vida como para pedir el café en un bar fuera de tu ciudad, estas relaciones siempre deben ser de calidad. Que aporten bienestar, simplemente. Tenemos que procurar que nos aporten felicidad. A nosotros y a los demás, un intercambio. Es un tema de generosidad. Soy defensora de palabras en decadencia, como respeto, cortesía (sin distinción de sexo). Te permitirá un bienestar emocional. Si lo das, casi siempre es devuelto en la misma medida, o más.

Una ciudad que recibe un gran número de turistas en cualquier época del año, ¿cómo aprender a convivir con ello?

Se puede vivir muy bien o muy mal, depende cómo lo veas, pero tendríamos que ver qué turismo queremos. Está el que viene para cuatro días y no se ha relacionado con la ciudad, pero hay otro tipo de visitantes (estudiantes, negocios…) que nos permiten conocer otras culturas, otras formas de vivir, de pensar… Y se llevan un trocito de Barcelona que van esparciendo por el mundo. Es una de las cualidades de nuestra ciudad, su variedad y cosmopolitismo.

Y muchos se quedan. Y desconocemos sus culturas, su forma de relacionarse…

Ese es uno de los retos de las sociedades modernas. Hay que encontrar el equilibrio entre el respeto a diferentes culturas y, al mismo tiempo, integrar a estas personas. Como con los turistas, puede verse enriquecedor, pero si lo vemos como una intrusión, estamos generando una barrera de comunicación. Los que nos consideramos autóctonos debemos aprender a entender las nuevas culturas. No sabemos nada de nuestros vecinos árabes o chinos. Y en cambio están en nuestra ciudad, en la tienda de abajo. Pero no sabemos nada porque no nos han enseñado en la escuela nada sobre ellos. Y no saber entender a los demás es una barrera importante para poder aceptarlos.

SIEMPRE PARTIMOS DEL YO, DE LO QUE NOS PASA, LO QUE QUEREMOS Y PRETENDEMOS NOSOTROS. Y, A VECES, SOMOS IMPERMEABLES A LO QUE LES PASA A LOS DEMÁS

¿Y cómo aceptar esa heterogeneidad, sin alterarla, y convivir cohesionadas las diferentes culturas en una misma ciudad?

A través de la escuela, sobre todo, debemos integrar a estos colectivos en nuestra cultura, porque es la estructura adecuada para hacerlo: la escuela integra a estas personas y las educa en nuestra cultura, pero viceversa no se hace. Y no es que nosotros tengamos que adoptar sus costumbres, solo conocerlas para entenderlos mejor. Para ser más tolerantes, sobre todo, y para entender más qué hacen y por qué lo hacen.

No entra en el plan de estudios de Historia del arte de la cultura asiática, por ejemplo. Y ¿desconocemos su manera de expresar emociones?

Sí. La apertura de mente es fundamental para la convivencia. Si lo que percibimos de los demás es que hacen cosas raras o creemos que no son educados porque se comportan de otra forma que nosotros… entonces esto es el camino a la intolerancia.

¿Sabemos gestionar emociones ajenas?

Ni las propias, ni las ajenas. En cuanto a leer las emociones de los demás, diría que somos bastante ciegos y bastante sordos. Siempre partimos del yo, de lo que nos pasa, lo que queremos y pretendemos nosotros. Y, a veces, somos impermeables a lo que les pasa a los demás. Lo que dicen, con qué voz, con qué expresión corporal (porque el cuerpo nos habla a gritos). Y en la escuela nos han entrenado la expresión verbal, sobre todo la escrita y en selectividad nos examinamos de analizar textos. Pero por ejemplo, ahí mismo, en la selectividad, no hay ni una sola prueba oral. No nos la han entrenado nunca. Es cierto que necesitamos escribir, solo faltaría, pero las relaciones personales, muchas de ellas, no se basan en la escritura, sino precisamente en el cara a cara. Hay que combinar ambas cosas.

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