Trina Milán: “Aprender jugando ayuda a no tener miedo de seguir ensayando”


Trina Milán (foto: Alberto Gamazo)

Trina Milán (foto: Alberto Gamazo)

Nació un 8 de marzo. Quizás por esa razón, obligada a recordar los derechos de la mujer trabajadora cada vez que celebra su cumpleaños, tiene una mirada puesta en el pasado para poder construir un futuro mejor. De ahí quizá que sea antropóloga y experta en innovación y competencia digital a la vez. También es profesora en varias universidades y colaboradora de diversos medios de comunicación.

¿Nuestra vida va asociada obligatoriamente a internet? ¿Podemos vivir sin una identidad digital?

Sí, podemos vivir, pero habrá cosas que se escapen de nuestro control. Nuestra identidad la creamos y nos la crean. Tener una tarjeta de la seguridad social ya te hace estar en Internet. Una cosa es tu actividad digital (qué fotos cuelgas, si vas a un concierto y lo compartes, por ejemplo) cuando tienes presencia en diferentes redes y, otra, lo que las organizaciones, servicios o empresas hacen contigo en internet: tarjetas de fidelidad, una cuenta en un banco, un número de teléfono móvil, etcétera, dejan una huella en internet que también forma parte de tu identidad digital. Tienes que saber qué hay de ti en la red. Que al menos seas consciente de que no solo es tener Twitter o Facebook. Una identidad que te están construyendo empresas, servicios… Lo que es el big data. Estar o no en Twitter o Facebook casi puede ser lo que menos importa de ti.

¿Podemos introducir cualquier actividad laboral en el mundo 2.0?

Sí. Yo he asesorado, por ejemplo, a una empresa de lavadoras industriales para hoteles, hospitales… Y solo venden a grandes empresas. Esta empresa está en Twitter, Facebook… con unos objetivos determinados. Si una empresa cree que no tiene que estar en internet, es que quizás no tiene un buen asesoramiento. Hay todo un proceso para así saber cómo estar en las redes, porque puedes estar de multitud de maneras y tienes multitud de opciones adaptables a tu negocio.

LAS EMPRESAS TIENEN QUE ESTAR PRESENTES EN LAS UNIVERSIDADES DESDE EL PRIMER MOMENTO Y NO PUEDE SER UNA COSA PUNTUAL, Y DOS, QUE LA UNIVERSIDAD SE COMPROMETA CON LAS EMPRESAS A INVESTIGAR POR LO QUE NECESITAN ESTAS

¿Quizás ser transparente en las redes las hace parecer vulnerables?

Es igual de malo que estés en Twitter que que salgas en un diario en papel. La cosa es que creemos que el diario en papel es finito. Pero también hay hemerotecas y alguien lo puede ver igual. Nos creemos que internet es infinito. Tengo una anécdota para explicar esta situación: cuando crearon el ferrocarril entre Barcelona y Mataró en el siglo XIX, el primero de la península Ibérica y la gente se manifestaba porque decían que iba más deprisa de lo que el cuerpo humano podía soportar. No se subían porque el cuerpo se podía desintegrar. Y es igual que ahora cuando dicen que el uso del móvil producirá cáncer. Ante una tecnología nueva todo el mundo tiene miedo. Pero en cuanto se hacen cotidianas, el miedo desaparece.

Este marco industrial, en el que tenías un trabajo para toda la vida, está cambiando. ¿Cómo adaptar el mundo laboral a este estilo de vida de vorágine sin desembocar en un detrimento del trabajador?

La clave es Darwin. Si quieres sobrevivir, tienes que adaptarte. No sobrevive quien es más inteligente o más guapo o más fuerte. Sobrevive quien mejor se adapta. Desde la antropología estudiamos el curso humano y ya ves que la gente come de una manera, porque ha cogido los productos de donde vive y los ha adaptado a sus necesidades. O viendo alguien que vive en el Polo Norte, se abriga con pieles por el frío, o acaba teniendo unos ojos más pequeños por el sol. Tu situación física se adapta. La capacidad de resiliencia que poseemos es la que da la posibilidad de éxito finalmente. Ya está, no tiene más secreto.

Cuando salimos de las universidades nos dicen: crea tu trabajo. ¿Cómo transmitir los conocimientos de generación en generación si nos empujan a ser más autónomos? ¿Necesitamos referentes previos?

Toda la vida hemos necesitado referentes. Era lo que hacían los filósofos griegos de la ágora de Atenas: darle un golpe de mano, sentido crítico, una guía, para que las equivocaciones no sean tan dolorosas y el alumno no se quede en el camino. Los conocimientos los debe hallar cada uno. El sistema educativo que conocemos en el mundo occidental organiza las aulas en hileras, como en una cadena de montaje, por el sistema industrial. Ahora ya no tenemos trabajos tan encapsulados, lo que no quiere decir que no necesitemos maestros. Ahora necesitamos muchos más y también mucha más capacidad de aprender desde otro punto de vista que no es el ordenado de una cadena de montaje. Esto me recuerda que muchos personajes disruptivos de los últimos años que nos han roto un poco los esquemas (Jobs, los inventores de Google, Zuckerberg…), muchos de ellos, casualmente, fueron a las escuelas Montesori. Maria Montesori era una maestra de principios de siglo XX que creó escuelas en Roma para niñas pobres que no tenían acceso a la formación establecida; en sus escuelas el proceso de aprendizaje era el juego. Este método solo te guía, te deja jugar, inventar, investigar. No es la hilera, no son las clases cuadriculadas.

ANTE UNA TECNOLOGÍA NUEVA TODO EL MUNDO TIENE MIEDO. PERO EN CUANTO SE HACE COTIDIANA, EL MIEDO DESAPARECE

Esa viene a ser la técnica de gamificación…

Exacto. A partir del error es como mejor aprendemos. Ensayo y error. Google es la demostración empírica de que el método Montesori sirve: un espacio en blanco, donde no hay nada, solo unas provocaciones en colores (sus letras), donde tú introduces cosas en función de lo que necesitas y si pones bien tu búsqueda, tendrás una buena respuesta, y si lo haces mal nadie te castiga. Hasta que encuentras la respuesta buena. Así, jugando, aprenderás a buscar mejor. Además ya no vas a Google solo para buscar cosas, también quieres jugar con su Doodle. Aprender jugando introduce dos conceptos: uno, la emoción de añadir conocimiento de forma positiva a nuestra experiencia (para que nuestro cerebro haga conexiones sinápticas) y dos, perder el miedo de ensayar más cosas. Si te castigan por haberte equivocado, te bloqueas. La indefensión aprendida, que se llama en psicología.

Ya que provienes del ámbito universitario, ¿qué opinión te merecen las prácticas?

Las universidades están ahora en una situación crítica, no enseñan a los alumnos lo que necesitan para trabajar. No puede ser que una persona deje el último curso tres meses para ir a una empresa. Es como ir de vacaciones a Grecia y decir que conoces Grecia. No la conoces, has estado de vacaciones. Antes que nada, las empresas tienen que estar presentes en las universidades desde el primer momento y no puede ser una cosa puntual, y dos, la universidad debe comprometerse con las empresas a investigar lo que necesitan estas. Que las empresas pudieran decir el problema que tienen y aquello que buscan, y las universidades ayudaran a investigar y colaborar. Un intercambio, que sea impermeable la actividad investigadora con la sociedad y así que los estudiantes participen en este proceso. Que comporte ser activo para el estudiante. Esto es pensar desde un nuevo punto de vista. Si seguimos entendiendo las universidades como hasta ahora, acabarán desapareciendo. Porque los alumnos no necesitarán pagar 4.000 euros para salir de allá y no tener trabajo.

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