¿Por qué ya no nos gusta la Rambla?


Pajareros, quiosqueros, floristas, estatuas humanas, dibujantes, vendedores ambulantes se mezclan con calcetines blancos, hombros quemados, guías arrugadas y mapas doblados, grupos de hombres o mujeres despidiendo la soltería, sombreros mexicanos, latas de cerveza y rosas, parejas con la barbilla alzada contemplando los restos de edificios noucentistes, sajones consumiendo fervorosamente litros de cerveza caliente, familias degustando una rica y auténtica fideguay en alguna terraza del paseo.

la Rambla (autor desconocido)

la Rambla (autor desconocido)

Se ha buscado de muchas maneras la forma de reconstruirla y hacer de ella una Rambla para todos

En contraposición, la que en su origen era solo el cauce seco de un río que llegaba hasta el puerto de la ciudad, sí tuvo sus años de esplendor (o tal como lo recuerdan o anhelan algunos, incluso sin haberlo vivido) que fueron los de la Barcelona modernista, cuando pasear los domingos Rambla amunt, Rambla avall la convertía en una pasarela civil para las terrazas que llenaban la arteria barcelonesa. Un espectáculo ver la gente pasar. No solo era el desfile para exponer el lujo de la burguesía, también, cabe no olvidar, era la de los marines que amarraban en la ciudad unos días y que disfrutaban sin ninguna prudencia de todos los placeres y vicios que se ofrecían en la famosa calle y las que confluían en ella.

Hoy en día, pasear una noche por ella sigue siendo hacerlo en un lugar bullicioso, mestizo, heterogéneo, vivo. Pese a ello, los barceloneses alegan no identificarse con ella, la rehúyen y la consideran como una exhibición de un espacio que solo sirve para la artificialidad que buscan algunos turistas, quienes miran pero no conocen la ciudad. Se ha buscado de muchas maneras, desde el vecindario, los comerciantes o el ayuntamiento, la forma de reconstruirla y hacer de ella una Rambla para todos. Desde la asociación Amics de la Rambla, por ejemplo, se preguntan cuál es el presente y, sobre todo, el futuro de esta histórica arteria barcelonesa. Desde la asociación buscan un futuro que retorne el pasado esplendoroso. Otros activistas, como el Colectivo Punt 6, formado por sociólogas y arquitectas, creen que la Rambla actual, sin identidad barcelonesa, debe buscar una nueva propuesta que nos enriquezca a todos, también evitando aquella esplendorosa pero jerarquizada rambla.

Darle la espalda porque no nos gusta solo hará crecer la bola hasta que estalle del todo

Barcelona, y los barceloneses, deberemos, pues, buscar la forma que este mítico paseo se convierta en una experiencia lejos de circuitos artificiosos. Darle la espalda porque no nos gusta solo hará crecer la bola hasta que estalle del todo, si es que no lo ha hecho ya. Que deje de ser turisteo será algo inevitable, pero potenciar sus cualidades y hacer de ella un lugar para que los más de cuarenta y cinco millones de visitantes anuales que tienen se lleven el mejor recuerdo de Barcelona, empieza por los autóctonos. Y tú, ¿qué Rambla imaginas en el futuro?

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