José Antonio Donaire: “Para descongestionar el centro de la ciudad, hay que pasar de una estrategia centrípeta a una centrífuga”


José Antonio Donaire (foto: Alberto Gamazo)

José Antonio Donaire (foto: Alberto Gamazo)

José Antonio Donaire es director de la Escuela Oficial de Turismo de Cataluña y del Instituto de Investigación en Turismo de la Universidad de Girona (INSETUR). Para él el turismo no es más que la búsqueda de un pequeño fragmento de felicidad. Quedamos en un lugar bastante pintoresco para llevar a cabo la entrevista: La Rambla, a la altura del Liceo. Tomamos un café en un bar que permite ver la marabunta de turistas que concurren la famosa arteria de la ciudad condal. En ellos vemos, eso: gente feliz disfrutando de Barcelona. Pero ¿solo tienen una relación superficial con la ciudad o realmente se están adentrando en ella? Donaire nos da su visión del fenómeno turístico en Barcelona.

La Sagrada Familia en Barcelona, ¿cree que nos hace más bien que mal o a la inversa?

La Sagrada Familia nos hace muchísimo bien. En el mundo hay muy pocos iconos universales, hay muy pocos lugares que sean reconocidos desde la India hasta Alaska y la Sagrada Familia es uno de ellos. Muchas veces cuando un turista tiene que decidir dónde ir, lo hace a partir de un icono que le sirve como ejemplo: cuando decimos París pensamos en la Torre Eiffel, cuando decimos Roma pensamos en el Coliseo y, en casi todo el mundo, cuando decimos Barcelona piensan en la Sagrada Familia. Para nosotros es como una antena que nos conecta con todo el mundo. Otra cosa es que seamos capaces de que una vez el turista ya está en Barcelona y quiere ver la Sagrada Familia sepa pasar de la frontera de la contemplación inmediata a una experiencia un poco más profunda. No sé si eso sería posible con la Sagrada Familia, porque tiene más de tres millones de visitantes al año. Es difícil una gestión eficiente, es uno de los grandes monumentos más visitados del mundo, pero sí que es posible presentar una Barcelona diferente que vaya más allá del fast look, un turismo sin ningún tipo de profundidad en la ciudad. En ese sentido, es verdad que la Sagrada Familia no puede ser un ejemplo de gestión cultural porque es imposible dar una experiencia de calidad a tres millones y medio de personas.

¿Qué opinas sobre el actual debate del turismo low cost a raíz de los conflictos en la Barceloneta entre turistas y vecinos?

Yo estoy a favor del low cost. Una cosa es low cost, que quiere decir precios económicos y a mí me molesta mucho que la gente asimile bajo poder adquisitivo con malas prácticas, incivismo, bajo nivel cultural… No hay ningún estudio que corrobore que disponer de más o menos poder adquisitivo sea tener más o menos nivel cultural en el turismo. Hay una corriente europea e internacional que son los backpackers, mochileros, que son personas que viajan por el mundo durante dos años y que algunos serán los Zuckerberg o los Steve Job del futuro. Con esto quiero decir que una persona con poco poder adquisitivo pueda visitar Barcelona es un derecho. Uno de los grandes avances de la sociedad contemporánea es la democratización del viaje y creo que no podemos convertirnos en una sociedad elitista que quiera preservar la contemplación de lo extraordinario a una élite.

UNO DE LOS GRANDES AVANCES DE LA SOCIEDAD CONTEMPORÁNEA ES LA DEMOCRATIZACIÓN DEL VIAJE Y CREO QUE NO PODEMOS CONVERTIRNOS EN UNA SOCIEDAD ELITISTA

¿Cómo se podría diseñar un buen turismo para que no hubieran esos conflictos entre vecindario y turistas?

El problema de Barcelona no es que haya mucho turismo (dos turistas por cada 100 habitantes, unos 45.000 turistas cada día), es que los tiene concentrados en puntos muy pequeños y eso sí que es un problema. Un problema enorme porque no hay ninguna ciudad como Barcelona que reciba tantos turistas y que por el contrario no haya conseguido distribuirlos de una forma más homogénea en el territorio como París, Londres, Sidney, Roma o Nueva York, ciudades donde los turistas visitan áreas muy grandes y por lo tanto generan tanto impactos como beneficios de una manera mucho más repartida. El problema de Barcelona no es tanto que sea un turismo de borrachera, que no lo es, ni que el perfil medio del turista sea más incívico que en otra ciudad, que tampoco, si no que el problema es que Barcelona ha concentrado toda la densidad turística en muy pocos barrios. Para mí la buena estrategia turística de Barcelona es pasar de una estrategia centrípeta, que es la que tiene ahora donde toda la actividad va a parar a un centro e incluso concentrar los elementos de interés y las inversiones culturales. La ciudad queda tensionada y también, en cierta manera, expulsa a los residentes. Tiene que diseñar una estrategia centrífuga como Buenos Aires, en la que cada barrio tiene una personalidad turística tan fuerte que hace que la experiencia de la ciudad sea más compleja.

Barcelona, históricamente siempre se ha delimitado en este reducido espacio. ¿Qué podría ofrecer Barcelona más allá de lo que recogían sus antiguas murallas?

Muchísimo. En su momento decidió que el Macba y el CCCB estuvieran en El Raval, por ejemplo. De nuevo, en el centro de la ciudad. Hay un debate sobre el nuevo museo Hermitage que inicialmente estaba previsto situarlo en el barrio de La Sagrera y ahora la propuesta es situarlo en el Paseo Colón. A veces sí que las inversiones son con una buena decisión, como por ejemplo, la rehabilitación del MNAC, el Miró o toda la zona de Diagonal Mar que descongestionan la oferta turística del centro. También hay muchos turistas que no quieren ver solo monumentos, sino conocer una atmósfera. El barrio de Gracia, por ejemplo, tiene mucha personalidad, como Palermo en Buenos Aires, y quizá no tenga ningún monumento pero si es un lugar atractivo para visitantes. Hay otra estrategia: ir en busca de los turistas recurrentes. De cada dos turistas en Barcelona, uno es repetitivo. Cuanto más repetitivos sean, más tendencia a no ver lo que todo el mundo ve, porque ya lo ha visto. Y entonces descubren la otra ciudad.

Según dices, no diferencias entre ciudades turísticas y productivas, sino entre atractivas e invisibles. ¿Qué tiene Barcelona para ser atractiva?

Tiene una combinación de muchos elementos que la ha hecho explosiva. Barcelona tiene monumentos que no son frecuentes. Por un lado, es experta en un periodo muy concreto que es el modernismo europeo. No la única pero la más importante, y ofrece cuatro o cinco monumentos modernistas sin competencia. En segundo lugar, ha proyectado más allá de sus monumentos la idea de una ciudad abierta, cosmopolita, festiva, alegre, que atrae a gente que quiere conocer ese ambiente. Y en tercer lugar, proyecta también una imagen de innovación, de calidad de vida, de ciudad de vanguardia… Este concepto salta de una ciudad a otra. Unas veces es Berlín, a veces Milán… Hay que aprovechar este momento de ciudad mundo. ¿Qué quiere decir? Una ciudad atractiva que a la gente le gusta estar: estudiar, montar un negocio, pasar dos años importantes de tu vida… Atrae talento, estudiantes y, también, turistas. Es por eso que esquivar al turista también puede generar un rechazo a todo lo que nos llega a Barcelona y nos puede hacer perder muchas oportunidades. Si es ciudad global debe admitir que tiene elementos tradicionales y mundiales.

EL PROBLEMA ES QUE BARCELONA HA CONCENTRADO TODA LA DENSIDAD TURÍSTICA EN MUY POCOS BARRIOS

¿El turista conoce una ciudad real y que representa al barcelonés?

¿Cuál es, entonces, la ciudad real y quién la conoce? Cada barcelonés conoce una ciudad y se mueve en una zona que para él es la real. El turismo no es un elemento contra la identidad de Barcelona, sino un elemento más de la ciudad. Esta dicotomía de que hay una realidad al servicio de los locales y una realidad al servicio de los turistas es bastante injusta. Mi propuesta es la siguiente: hacer compatible la estrategia de preservación de los barrios (lugares con identidad, donde preservar la vecindad, reivindicación de lo local…) con una ciudad universal, cosmopolita, donde toda esta gente que está en la Rambla es muy feliz.

¿Cómo debería ser la guía turística del futuro de Barcelona?

Una guía que no sería en formato papel, lamentablemente. También, una guía que se declinase por el consumidor. Ahora que ya sabemos que cada turista es diferente, que existiera la guía que se adaptara digitalmente a las condiciones de cada usuario. En función de lo que dice o hace, ofrecerle una cosa u otra. Las guías, sobre todo, deberían escapar, principalmente de dos cosas: de los nodos universales y, en su lugar, ofrecerte atmósferas diferentes y, en segundo lugar, tiene que cambiar el relato. Las guías se repiten y están escritas de forma imperativa (suba, baje, admire). Debe tener un lenguaje más emotivo, que vaya a las pequeñas historias. Es más interesante contar que la Pedrera fue durante años el escarnio de la ciudad, que explicar rollos enciclopédicos.

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