Las amistades del verano


Se acababa la playa, la piscina, las tardes interminables de juegos, los paseos y las carreras con bici, el balancearse horas en la hamaca, recostarse en el sofá deleitándote con tu cómic favorito, la emoción del primer beso, de los baños interminables en el mar, las aventuras y los sueños de cara al invierno, las pandillas. Se acababa agosto y llegaba septiembre y su desganada rutina. Pero quedaban los maravillosos recuerdos de un verano intenso. ¿Quién no tiene un recuerdo nostálgico y entrañable de sus primeros veranos?

La complicidad que podías adquirir con tu pandilla de verano creaba un vínculo que hacía conservar esas amistades año tras año

En la época estival, las segundas residencias calaron fuerte como modelo turístico en los años ochenta. Entonces, aún había un miembro de la familia, generalmente la madre si no eran los abuelos, que podía hacerse cargo de los hijos en esa casa los tres meses de vacaciones escolares. Los niños arraigaban en esos destinos unas sólidas amistades. Pese a la corta durada (tres meses) respecto al tiempo en la escuela (nueve meses), resultaban de una mayor intensidad los amigos de verano. Las experiencias que compartes en esa época del año, al disponer de total libertad horaria, establece unas vivencias y unas emociones más trascendentales y profundas que durante el resto del año. La complicidad que podías adquirir con tu pandilla de verano creaba un vínculo que hacía conservar esas amistades año tras año.

En verano nos desinhibimos. No solo por dejar un tiempo los quehaceres del trabajo, también los niños descargan la mochila, abandonan relojes y se envuelven en un entorno más natural y espontáneo. ¿Por qué llenan tanto las amistades de verano? Quizá porque sacamos a reflejar nuestro yo más auténtico, más nítido y mostramos una imagen más real de nosotros mismos. ¿Por qué se mantienen pese a durar solo tres meses de los doce que dura un año? Anteriormente mantenías el contacto vía epistolar, empezabas en septiembre enérgicamente y convencido de que no dejarías pasar un mes sin enviar una carta a cada miembro del grupo. Luego, como los globos de feria, se iba desinflando la intención con el paso del tiempo. Aun así, el acabar la escuela en junio no solo daba la alegría de aparcar los ejercicios, controles y dictados por unos meses, también era la alegría de volver a verte con esos amigos que habían hibernado los últimos nueves meses.

atardecer en la playa de Cabo Roig, Orihuela (Alicante)

atardecer en la playa de Cabo Roig, Orihuela (Alicante)

¿Por qué llenan tanto las amistades de verano? Quizá porque sacamos a reflejar nuestro yo más auténtico

Las amistades de verano ayudan, asimismo, a ampliar nuestra socialización. Relacionarnos en nuestra infancia con personas más allá de nuestro círculo habitual de la escuela o actividades extraescolares durante el curso, fomenta una mayor seguridad en nosotros mismos y un mejor desarrollo social al conocer gente de diferentes entornos.

La libertad con la que se vive de niño esa época, jugando todo el día en la calle, recorriendo los pueblos con tus amigos, yendo a la playa con tu primer amor, será imprescindible para el desarrollo social del adulto. No dejemos que los niños pierdan esa ingenuidad, esas amistades incondicionales de verano, esa magia envolvente con la que crecer y evitar así que se conviertan en unos grises y tediosos adultos.

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