Entre el caos y la armonía


—¿Qué estudias? —Bellas Artes. —¿Por qué lo llaman Bellas Artes? ¿Acaso hay artes feas?

Una tímida Adèle le hace preguntas a la seductora Emma en la barra de un bar acerca de su profesión. Este fragmento de la conversación entre los dos personajes del filme La vida de Adèle (2013) que abre este texto invita a reflexionar sobre el arte. La conversación continua con la respuesta de Emma: “no, no hay artes feas. Quiero decir… Algunas cosas pueden ser feas. Pero eso es subjetivo”.

Impression, soleil levant. Claude Monet, 1872.

Impression, soleil levant. Claude Monet, 1872.

si ampliáramos nuestro horizonte en el mundo del arte haría que descubriéramos la belleza de lo feo

Las teorías del arte nos han hecho creer que toda obra artística es una definición de belleza, considerando esta dentro de unos términos de estética muy delimitados. Es difícil definir la fealdad y la belleza, pues son conceptos subjetivos, interpretables de cada mirada. Cuando el crítico de arte Louis Leroy calificó despectivamente la obra de Claude Monet de impresionista, nadie le pudo augurar que cien años más tarde sería admirada y con una enorme reputación artística. Está claro que Leroy no compartía la misma mirada que Monet para entender algo bello. De este tipo de conflictos, años antes, nació el Salón de los rechazados (Salon des refusés) donde se fueron exponiendo las obras que el Salón oficial de París iba rechazando, bien porque no cumplían unos cánones academicistas para el jurado, bien por motivos éticos o políticos que generaban malestar en la Academia de Bellas Artes francesa. Los artistas de la época se quejaron clamorosamente por el rechazo de sus obras y que estas no pudieran ser juzgadas legítimamente por el público. He aquí la cuestión: ¿Dónde está la frontera entre lo feo y lo bello? Parece fácil describir lo bello, pues es aquello que toque nuestra sensibilidad; la fealdad, por su parte, será aquello que experimentes adverso a lo bello, siendo desagradable o deforme a la vista, como un mal olor al olfato o un sonido estridente y chirriante al oído. Sin embargo, ¿quién dice que la fealdad no podría provocar un mayor impacto emocional y más duradero que lo bello? La lucha entre lo dionisíaco y lo apolíneo, es decir, entre el caos y la armonía.

¿quién dice que la fealdad no podría provocar un mayor impacto emocional y más duradero que lo bello?

La razón del arte no debería ser más que la plasmación de la realidad del artista, obviando la belleza superficial. Del mismo modo que preferimos la verdad a la mentira, el espectador del arte querrá contemplar también una fealdad que le pueda ser reveladora y buena. Podríamos hacer un repaso a toda la historia del pensamiento para encontrar un significado a la belleza ya la fealdad y quizá no sacaríamos nada en claro. Pero si ampliáramos nuestro horizonte en el mundo del arte haría que descubriéramos la belleza de lo feo y experimentar por igual algo que estéticamente resulte placentero y agradable como algo doloroso e hiriente.

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