La independencia de Cataluña es más que un sí o un no


Es imposible esquivarlo. Creer que el tedioso debate político sobre Cataluña es cosa de decimonónicos hombres escondidos tras diarios sábana o de vociferantes tertulianos televisivos llenos de discursos sentimentalistas es un error. Jóvenes catalanes, como símbolo de futuro de un país, elevan el volumen de su altavoz para dar a conocer su posición ante el proceso secesionista catalán
Imagen: teinteresa.es

Imagen: teinteresa.es

Sí. No. Sí y no. Puede ser. No lo sé. Me da igual. Sí, pero así no. Sí, pero no estoy seguro. Sí, pero esto no es todo. No, pero vamos a ver. Laindependencia de Cataluña, a pesar de que el debate mediático indica lo contrario, no obtiene una respuesta binaria entre sus ciudadanos. De haberse dado la consulta del 9N con todas sus garantías, habría ofrecido tres posibles respuestas. Pero ni en el mejor de los casos tres únicas respuestas cubrirían las diferentes posiciones que toman los catalanes a la hora de definir los límites territoriales que se cuestionan.

Los métodos del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Cataluña (CEO)  para recoger una opinión aproximada de los catalanes de una forma neutral quizá obvie los matices del criterio de los mismos. Sin inducir una respuesta prefabricada por las preguntas de una encuesta,desde Gonzoo hemos escuchado la opinión de diez jóvenes catalanes sobre el futuro de Cataluña.

«La Constitución no conoce otra que la nación española»

Uno de los aspectos en el que se basa el movimiento independentista, más allá de la corteza superficial económica, es la cuestión nacional. Sin embargo, no puede ser más difuso y único el concepto de nación.

Bien puede ser la nación como voluntad política, que da lugar a un estado; o la nación cultural, la más difícil de definir y la más discutible, como identidad de origen de un grupo de personas que comparten lengua, cultura y/o tradición. «Es una cuestión de que todas las naciones que no se conviertan en un estado, desaparecerán», opina Lluís Mesana, un mallorquín de 23 años que desea que Cataluña, «como nación que es», sea un estado independiente del resto de España, «e incluso de Europa».

Etimológicamente, la palabra nación viene del latín ‘natione’, que en tiempos romanos significaba nacer. Establecer el lugar de nacimiento del individuo para determinar una comunidad de personas con la misma lengua, instituciones y cultura, que formaban un pueblo con origen o nacimiento en común.

Ha tenido diferentes acepciones a lo largo de la historia. Es en 1648, en Münster (el tratado de paz de Westfalia), donde se empieza a hilar elconcepto de soberanía nacional y el nacimiento de los estados modernos. La nación como sociedad política. «En el siglo XIX los estados-nación funcionaron muy bien para empoderar al pueblo, pero en el mundo actual están acabados», explica el escritor y periodista Cristian Segura.

Sugiere un modelo casi inexistente en el debate actual: la ciudad-estado. «En un mundo tan globalizado es perfecto proponer ciudades-estado porque cuanto más cerca esté el poder ejecutivo y legislativo de su ciudadanía, mejor funciona todo», apunta.

Sin saber por cuántas urdimbres ha pasado la trama hasta formar el tejido nacional de los catalanes, Cataluña deambula hoy en ese tránsito de nación cultural (como se le encasilló en la transición del 78) a pasoen avant’ hacia el derecho a decidir de unos y la anhelada nación política de otros en busca de un cambio.

El desgaste de un modelo de estado

«El movimiento del ‘sí’ transcurre en un escenario perfecto: la crisis, un gobierno central que no reacciona a nada, una movilización absoluta en busca del cambio…», comenta Berta Barbet, de 28 años y doctoranda enCiencias Políticas en la Universidad de Leicester (Reino Unido). Considera que el trato de pertenencia a un grupo fortalece la independencia, idea que no le atrae demasiado: «Se ha generado una identidad de grupo muy fuerte, una identidad diferenciada de la española, a partir de la que se interpreta toda la realidad». Berta se queja de que España haya quedado en una desconexión absoluta a la hora de replantear su modelo de estado. «El abandono del discurso plurinacional ha dejado vacío un espacio en el centro sin una solución intermedia. Ahora solo hay los del ‘sí nos separamos’ o ‘sí seguimos igual’».

Cristian Segura opina que «la crisis económica empujó a marcarse un farol con el pacto fiscal y después con la consulta». «Somos un accidente histórico de una Europa formada por estados-nación y Cataluña se quedó sin ese estado-nación», concluye.

Por su parte, Miguel Ángel Díaz, de 29 años y profesor de Historia de secundaria, cree que «les ha salido bien la jugada a los del ‘sí’». Mucha gente que no era independentista, al verse ante un muro que no dice nada (el actual gobierno central), se ha desmoronado y sería capaz de votar por un ‘sí’ porque les plantea una salida democrática a la situación y con ilusión por un cambio.

Otro punto de vista es el de Albert Pérez, un joven licenciado en Historia y postgraduado en Estudios Internacionales: «España, como modelo de estado, no me atrae». Su tendencia independentista radica en que, según Pérez, «el estado que España propone no es el que se ajusta a su realidad», una realidad «mucho más plural de como se cree desde el gobierno de Madrid, donde tienen una visión de poder más uniforme del conjunto del estado». Subraya que «no me mueve un sentimiento patriótico o de pertenencia, sino la posibilidad de crear una cosa que se adecua mejor a la necesidad catalana».

La independencia, ¿de izquierdas o de derechas?

«Se entiende que, por su naturaleza, el nacionalismo es defender lo tuyo primero, más propio de un liberal», explica Segura, y que para la izquierda «prima la solidaridad como principio base», argumenta Berta Barbet. Por esa razón, pese a las evoluciones que han hecho variar dicha doctrina, choca que una persona con ideología socialista defienda el independentismo.

Oliva Serra, de 28 años, es diseñadora gráfica y es parte activa de la organización socialista Endavant: «Participé en el 9N, soy de izquierdas y soy… independentista. De la misma forma que soy anticapitalista por convicción, soy independentista porque me ha tocado serlo». Sus razones para no decir independentista con la boca grande son dos: «Porque mi lucha va más allá de conseguir un país nuevo o poner fronteras. Y porque soy socialista, mi lucha es el internacionalismo por todas las clases populares oprimidas en el mundo».

Para Oliva, sin una liberación nacional no puede haber una liberación de clase. Cuando se habla de pueblo oprimido se entiende como la ausencia de libertades de un pueblo. Para discernir entre las libertades individuales como ciudadano  y la liberación colectiva de un pueblo, Oliva explica que «España, siendo un estado de naciones, oprime a las naciones no reconocidas como tal, queriendo blindarlas bajo un mismo país. Igual que los compañeros andaluces del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) entienden nuestra causa, nosotros entendemos que ellos también son una nación».

Adolf Barceló tiene 23 años y está estudiando Derecho en Chicago (EEUU). No pudo participar en la consulta no vinculante del 9N porque tenía que pagar 300 euros de billete de avión a Nueva York (la sede de la Generalitat en Manhattan que disponía de urnas ese día). «Por la incertidumbre de no saber si al final se votaría o no y el coste del viaje, decidí que no iría». Desde una vertiente de centro-derecha liberal, tal como define su ideología, Adolfanhela «un estado catalán liberal con una fuerte división de poderes y una mayor libertad social y económica». Confiesa que «el hecho de que los actores que apoyen la independencia defiendan modelos de estado totalmente diferentes hace imposible definir un modelo de la Cataluña independiente».

El derecho a decidir

La consulta catalana del 9N ofrecía una participación ciudadana a partir de los 16 años, a diferencia del censo electoral, que la establece en los 18. Erik Cazorla cumplió 16 dos meses antes de la consulta y pudo participar en ella. En su papeleta marcó con cruz los dos síes (¿Quiere usted que Cataluña sea un estado? / En caso afirmativo, ¿quiere que este estado sea independiente?).

A Erik lo que más le sorprende es no poder votar qué quieren ser los catalanes. «Yo estoy a favor del ‘sí’, pero hay que diferenciar querer la independencia del derecho a decidir. No deberían cortar nuestra libertad de decidir y eso es lo que me preocupa, que no nos podamos expresar».

«Hemos jugado al margen de la legalidad diciendo mentiras y sabiendo que eran mentiras», apela Miguel Ángel. Recuerda que «Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) siempre ha argumentado que España era un país poco democrático porque no permitía este tipo de referéndums. Alguien creyó, de repente, que habría una grieta desconocida para llevar a cabo una consulta que antes no se podía».

El mallorquín Lluís Mesana, opuesto al plan soberanista que está llevando a cabo el Govern junto con otros grupos parlamentarios, cree que la mejor manera de resolver el conflicto Cataluña-España no es a través de un acuerdo por ambas partes de un referéndum, ya que considera «’naïf’ creer que de quien te quieres separar te va a permitir hacerlo». «Este proceso es infantil y el 9N fue una tomadura de pelo».

Ainoa B. tiene 16 años y le hacía ilusión participar en la consulta: «Ojalá hubiera sido legal, porque para mí era más decisivo incluso que poder participar en unas elecciones generales». Ainoa no comparte opinión con el resto de miembros de su familia, «en casa no me inculcan ningún voto», dice, y sabe que tiene una visión aún por formar, pero considera «imprescindible la posibilidad de poder votar algo tan importante».

Actualmente, el proceso soberanista se debate en si debe seguir la estrategia del presidente de la Generalitat, Artur Mas, de unificar las fuerzas políticas independentistas en una lista unitaria de candidatura  y anticipar elecciones antes de las municipales, o elegir libremente en qué lista se integrará la sociedad civil. Pero hay gente que critica ese posible escenario, como Andrea Martínez, de 23 años y estudiante de Derecho: «Yo, quehabría votado ‘no’ en el 9N, no podría votar una lista unitaria como lo podrá hacer el que sí es independentista, que votará en clave de país. Y es una desventaja para el resto de partidos, porque parten de la base de que serán ya caballo perdedor. El marco en el que se plantean esas futuras elecciones me preocupa».

2 Respuestas a “La independencia de Cataluña es más que un sí o un no

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s