¿Viajes en el tiempo? Sí, pero “entre comillas”


Más allá de las predicciones que desafiaban la saga Back to the Future, Robert Zemeckis nos arrimó la miel hasta los labios para relamernos de deseo al fijar los ojos en la pantalla, soñando tener un amigo ido e incomprendido pero capaz de crear un artefacto que nos trasladara a nuestro antojo al tiempo que nosotros quisiéramos. Y así burlarnos de nuestra condición de mortales. Qué maravilla

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Si la realidad superase la ficción, hoy tendríamos que poner un plato más en la mesa. A eso de las 16:29 nos arrollaría en la plaza de la torre Marty McFly con el flamante DeLorean de Emmet L. Brown, vestido más ochentero que futurista (que quizá eso venga a ser lo mismo) para sentarse con calma junto a nosotros y digerir si quizá contemplar lo nuevo no sea para tanto como para moverse de un lado a otro en el tiempo. Que total, una chaqueta que te seque o unas zapatillas que se aten solas no nos soluciona nada que el velcro no haya hecho antes.

La película, catalogada como fantástica y no como ciencia ficción, creaba un condensador de fluzo que despertó en el imaginario colectivo la idea de si trasladarnos a nuestra voluntad por el tiempo, si de oscilar una aguja de radio a lo largo de las sintonías se tratase, era posible. Fascinados por explorar el tiempo, como quien descubre por primera vez el engranaje trasero de un reloj, perseguimos el entender esa naturaleza y jugar con ella. Pero, ¿tenemos forma física de hacer saltos temporales en la historia? ¿Podemos calibrar en una máquina del tiempo una fecha y vivir en primera persona lo que está por llegar? ¿Y lo que ya se ha vivido y alterar el orden natural del tiempo?

Aunque el cine y literatura se empeñen en esperanzarnos, hemos consultado a una serie de físicos teóricos expertos si podemos ser un Marty McFly, quienes pueden despejar tales dudas gracias a la teoría de la Relatividad que nos posibilita teorizar sobre los viajes en el tiempo.

¿Hay alguna ley física que prohíba viajes en el tiempo?

La respuesta es no. «Pero entre comillas», detalla Enrique F. Borja, autor del blog de divulgación científica Cuentos Cuánticos y profesor de Física en la Universidad de Sevilla. Lo difícil sería no viajar hacia el futuro. Lo hacemos todos los días, pero sin retorno. «La idea de viajar en el tiempo es una idea natural, y lo hacemos hacia delante y a una velocidad de un segundo por segundo», explica Fernández Borja. «Nuestro universo tiene cuatro dimensiones, lo que quiere decir que necesitamos cuatro datos para identificar un suceso. Si, por ejemplo, quieres quedar con un amigo, le tienes que decir el lugar (le das tu longitud, latitud y altura, los tres datos espaciales). Y para quedar bien y encontrarte con nuestro amigo le diremos la hora (tiempo), otro dato más. Para identificar el suceso con tu amigo decimos que las dimensiones del espacio-tiempo son cuatro.» Ahora, lo que nos aclara Fernández Borja es que «en las direcciones espaciales nos podemos mover hacia donde queramos: izquierda derecha (ancho), adelante y atrás (largo) arriba y abajo (alto). Sin embargo, con el tiempo no ocurre eso. Solo nos movemos hacia delante, hacia el futuro.»

16704¿Pero podríamos alterar eso? Lo que interesa cuando hablamos de viajes hacia el futuro es adelantándonos a él a diferente velocidad. Roberto Emparán, profesor de investigación en ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) y Física Fundamental en Universitat de Barcelona, nos explica que hay dos maneras de permitir adelantarnos en el tiempo: «por la dilatación espacio-tiempo, viajando a una velocidad muy alta, o estando en un campo gravitatorio muy intenso, por ejemplo cerca de un agujero negro o una gran masa.» La primera opción sería aplicando la relatividad especial, moviéndonos a una velocidad muy alta, cercana a la velocidad de la luz en el vacío(300.000km/segundo). «Para un astronauta que viaje con una nave a gran velocidad, estará transcurriendo su tiempo más lento, por lo que estará viajando al futuro de la Tierra. Lo que para él, supongamos, ha sido envejecer una hora, en la Tierra hubiera sido un año.» Al volver a la Tierra, viviría algo que no le correspondería ver con su reloj biológico.

La otra opción es curvando y deformando el espacio-tiempo, que involucra la relatividad general, y sería acercándose a una gran masa. «Sucede en todas partes», explica Emparán. «Si tú vives en el ático de tu edificio, envejeces más rápido que si vives en el sótano», pero no rejuvenecerás mucho más, «ya que la diferencia es pequeñísima, millonésimas de segundo por día de diferencia». Sí se notaría, en cambio, cerca de un agujero de gusano, un atajo en el espacio que encuentra un camino más corto entre dos puntos que el camino convencional. No se conocen cercanos a la Tierra, pero «para que se diera esa probabilidad matemática y encontráramos uno, la propia teoría dice que si entras no sales, no son estables. Se cierran antes de que puedas cruzarlos», explica Emparán. También, requeriría para crearlo de lo que se llama materia exótica. «Se han hecho experimentos en laboratorio, pero de cantidades ínfimas. Y para atravesar nosotros uno, necesitaríamos la cantidad como la masa de Júpiter», cuenta Fernández Borja.

¿Y con el pasado? ¿Es posible retroceder en el tiempo?

Las leyes físicas, tal y como se entienden hoy, prohíben viajar a nuestro pasado. Ana Achúcarro, catedrática de Física Teórica en la Universidad de Leiden (Holanda) y en la UPV-EHU, descarta la opción planteándolo así: «Puedes, por ejemplo, conocer a tus hijos cuando sean ancianos pero no puedes conocer a tus padres cuando eran niños. La idea es que, en principio, el DeLorean podría ir “directamente” al futuro del 2015 pero volver al pasado es ciencia ficción.» Por su parte, Rafel Escribano, profesor de la facultad de Ciencias de la UAB y perteneciente al grupo de física teórica, explica que la segunda ley de la termodinámica que manifiesta que la entropía (la tendencia al desorden) solo puede crecer, «y crecer a medida que pasa el tiempo. Por lo tanto, necesita de una ‘flecha del tiempo’, un tiempo que solo vaya hacia el futuro, por lo que un viaje al pasado contradeciría esta ley».  Lo que concluye que los viajes en el pasado son imposibles.

Sin embargo, Fernández Borja no lo descarta (en unos años) si aclarásemos la compatibilidad con la ley de la termodinámica, ya que «la situación no es nada clara, porque nosotros sabemos que la segunda ley de la termodinámica es válida en nuestro entorno, pero no sabemos cómo tendríamos que interpretarla en el caso de la existencia de los viajes en el tiempo.» Lo sí que recusa es que viajemos a la Prehistoria, por ejemplo, porque «si creásemos un día la forma para viajar hacia atrás, lo máximo que podrías retroceder sería al primer momento que hayas hecho funcionar el mecanismo del tiempo

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¿Si viajo al futuro conoceré mi yo futurista?

Cuando el DeLorean se traslada de noviembre de 1985 a octubre de 2015 da la idea de dar saltos en el tiempo como si la realidad ya estuviera creada y preestablecida. McFly tiene que evitar que su novia Jennifer se encuentre con sí misma envejecida porque, según Doc, provocaría una catástrofe en el presente. Es ahí cuando se despliega todo tipo de paradojas. Fernández Borja cuenta que «si fueras pintora, viajas al futuro y ves en un museo un cuadro tuyo que no has visto aún en el presente, lo fotografías, vuelves al presente y lo pintas. ¿Quién lo ha dibujado, tu yo presente o tu yo futuro?» Y como cuenta Emparán, «lo que no puede ser es que si viajas al futuro, te encuentres contigo mismo. Es una contradicción. Si viajas al futuro, tal y como lo acepta la física, hubieras vivido lo que transcurre tu viaje, y no podrías desdoblarte. No vivirías más tiempo en realidad, solo ha pasado más lento tu tiempo

La literatura y el cine de ciencia ficción como debate para la ciencia

Una vez estamos en el día que McFly come pizzas deshidratadas o habla por lo que hoy sería Skype o una hermana enganchada a unas hipotéticas Google Glass, nos alegramos de no vestir como su enemigo a lo Jane Fonda galáctica. Lo que para unos podría ser catastrófico los errores que comete la ficción, los límites que alcanza, en ocasiones irreales, lleva a explorar cuestiones científicas y plantear nuevas hipótesis. Para Escribano «los escritores de libros o creadores de películas de ciencia ficción han hecho sus obras respetando más o menos las teorías físicas. Un ejemplo de ello son series como Big Bang Theory, donde los guiones son revisados por físicos, o la película Interstellar que fue asesorada por Kip Thorne

Otro ejemplo sería la serie Star Trek, cuenta Fernández, donde «las naves que viajaban a velocidades superiores a la de la luz. No está permitido en relatividad especial pero, aprovechando la capacidad del espacio-tiempo de deformarse, podemos conseguir movernos más rápido que la luz en el espacio mediante unas ‘dobleces’ espaciotemporales adecuadas, como lo describió por primera vez el mexicano Miguel Alcubierre, quien inspiró a la serie.»

La puerta queda abierta para el futuro. Como le responde Doc a Marty, “la intención [de viajar en el tiempo] es entender la percepción de la Humanidad.”

Fernández Borja lo ve como «algo maravilloso nuestra capacidad de soñar. Al no tener restricciones de la ciencia más formal, puede aventurarse en cuestiones e hipótesis arriesgadas. Aunque ahora nos sorprenda, la ciencia ficción ha servido para generar nuevos campos de estudio en ciencia.» Como la novel Contact de Carl Sagan, que se basa en agujeros de gusano, como cuenta Fernández Borja, «gracias al asesoramiento de Kip Thorne también, se avanzó en el estudio de los agujeros de gusano transitables.»

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